Renta fija

La renta fija son el conjunto de activos financieros que ofrecen una rentabilidad conocida y fijada previamente.

Es decir, el emisor de un título de renta fija está obligado a pagar el interés acordado al comprador del título. Todo ello, habiendo pactado previamente las condiciones.

El ejemplo más claro de instrumentos de renta fija son las letras, los bonos y las obligaciones.

Se le llama renta fija, en contraposición a la renta variable, precisamente porque su rentabilidad es “fija”. No obstante, eso no quiere decir que no tenga riesgo.

Eso sí, esto no quiere decir que la renta fija no tenga riesgo. Esto es, el emisor puede incumplir con lo acordado.

Supongamos que Juan emite títulos de renta fija. Concretamente necesita 10.000 euros para financiar un proyecto. Para conseguir ese dinero, emite 10 bonos por valor de 1.000 cada uno. Tendrá que pagar un 3% anual durante 5 años y al final de los 5 años (vencimiento) tendrá que devolver los 1.000 euros a cada uno de los prestamistas.

Juan tendrá que pagar un 3% cada año (30 euros) a cada inversor o prestamista de manera obligatoria y además devolver los 1.000 euros al final del periodo. Pero, ¿qué pasa si Juan no tiene dinero para devolverlo? Pues simplemente que no nos paga.

Lo anterior tiene consecuencias jurídicas, sin embargo, lo importante de aquí es entender que la renta fija, a pesar de ser previamente conocido y, en principio, garantizada, no está exenta de riesgos.