Cuál es el origen de la gestión pasiva

La historia y el origen de la gestión pasiva es la de una lucha sin cuartel de unos pocos valientes que se plantaron contra la industria financiera mundial.

Si te pregunto, quién es el padre de la gestión pasiva y estás un poco informado probablemente te venga a la cabeza John Bogle. Y no es que quiera quitarte la razón, pero sí arrojar luz sobre uno de los mayores inventos de la historia de la inversión: la gestión pasiva.

Hasta 1960, todo lo que existía en Wall Street era la gestión activa. Fondos de inversión e inversores particulares tratando de averiguar qué había que comprar y qué había que vender.

Teorías, modelos, gurús y mucha, mucha parafernalia. Los mercados financieros no paraban de crecer, cada vez más gente quería invertir. Algunos soplos por allí, un poco de value investing por allá y algo de análisis técnico a lápiz en un papel.

Sin embargo, entre toda esa humareda, a dos chavales, Edward Renshaw y Paul Feldstein, se les ocurrió pensar un poco más allá, fuera de la caja. Inventaron una sociedad de inversión NO gestionada. Es decir, una gestora de gestión pasiva.

Tanto Edward como Paul eran estudiantes de la Universidad de Chicago. Dos chicos sin reputación, sin apoyo, sin recursos tecnológicos y sin pasta. Nadie les hizo ni puto caso.

Sin embargo, el S&P 500, puesto en marcha en 1957, les echaría un cable. Fue el primer índice que se calculaba automáticamente por un ordenador y con el paso de los años, empezó a repartir estopa. ¿Cómo? Demostrando que la mayoría de gestores de fondos no eran capaz de batirlo.

¿Qué pinta un ingeniero mecánico en esto de la gestión pasiva?

Nació en Illinois, fue el primero de su familia en ir a la universidad y conseguir el título. McQuown no era inversor, sino ingeniero mecánico, pero le flipaban las máquinas que había sacado IBM, así que alquiló una a medias con un colega.

Como le interesaba aquello de la bolsa, comenzó a sacar datos y analizarlos. Imagínate tú, hace 50 años con un bicho de tales dimensiones.

Casualmente, IBM andaba promocionando aquellos mastodontes bajo el argumento, muy real en aquella época, de que sus máquinas eran muy versátiles. Así que, entre pitos y flautas lo invitaron a dar una conferencia en 1964 en San José.

McQuown se lució. Sin embargo, jamás imaginó que en aquella conferencia se encontraba una de las personas que le cambiaría la vida: Ransom Cook, el presidente de Wells Fargo. El banco, en aquel momento, no era gran cosa, pero no dejaba de ser un banco.

Cook le propuso a McQuown que formara parte de su grupo de expertos y sin miedo a nada, McQuown le dijo que, en su opinión, lo que estaban haciendo no estaba mejorando la industria de la inversión.

Investigó y se plantó contra la industria. Y cómo sería la cosa que aún hoy dice que se sintió lanzando mierda contra una corriente imparable.

Incluso, a pesar de que un economista muy conocido en Chicago, Eugene Fama, publicó su famoso estudio sobre la eficiencia de los mercados por el que después recibiría el Nobel de Economía, aquella tarea parecía imposible.

Con todo, no cesaron en su empeño y Wells Fargo, confió en sus investigadores y siguió hacia adelante. Solo le faltaban dos cosas: pasta y confianza.

El primer fondo indexado

Casualidades del destino, Keith Shwayder, recién graduado en la Universidad de Chicago, comenzó a trabajar en la empresa fundada por su abuelo, Samsonite. Samsonite, fundada en Denver hacia 1910, además de fabricar maletas tenía invertidos 6 millones de pavos en un fondo de pensiones.

Así, hacia 1970, fecha en la que comenzó a trabajar en la Samsonite Corporation, le picó la curiosidad. El fondo de pensiones en el que tenían invertidos un pastizal no hacía más que invertir en un puñado de fondos de inversión.

Decepcionado, Keith Shwayder se informó y cayó en las manos de McQuown. No sé qué le diría, pero en 1971 nació el primer fondo indexado de la historia. Que, por cierto, a Shwayder lo condenaron por fraude años después y por eso quizás no lo conozcas. Aunque eso es otra historia, porque no tuvo nada que ver con la gestión pasiva.

Aquel primer fondo indexado fue un desastre. Tenían que replicar 1.500 compañías cotizadas de la Bolsa de Valores de Nueva York. No tenían medios, así que las comisiones y la tarea titánica de rebalancear la cartera los dejó tiritando.

Y fue entonces cuando Wells Fargo entró en escena. En 1973 fundó un fondo indexado al S&P 500. Adivina quién traspaso toda su cartera al fondo: Samsonite.

Y ahí es donde empezó la revolución de los fondos indexados y la gestión pasiva. En ese mismo año, Burton Malkiel, autor del magnífico libro Un Paseo Aleatorio por Wall Street, dijo:

“Lo que necesitan los inversores es un fondo de inversión con una comisión de gestión mínima que simplemente replique al mercado, en lugar de estar saltando de acción en acción tratando de escoger la ganadora.”

¿Dónde estaba Bogle?

Bogle nació en 1929, justo el año en el que comenzó la Gran Depresión. Gracias a un historial académico brillante, fue a la Universidad de Princeton y allí se graduó en 1951.

Cuando terminó la carrera, comenzó a trabajar para Wellington Fund. Una compañía todo sea dicho, que se caracterizaba por todo lo contrario a lo que más tarde acabaría defendiendo John Bogle.

Wellington Fund era una compañía muy agresiva y a partir de 1973 se vio duramente afectada por las caídas en las bolsas. El S&P 500 perdería un 19% en 1974 y más de un 24% en 1975.

Bogle se plantó contra la empresa y acabó desembocando en la creación de una compañía subsidiaria pero independiente llamada The Vanguard Group. La cual, según cuenta Bogle, fue llamada así en honor al buque insignia de Nelson en la Batalla del Nilo.

Inspirado por las voces que sonaban a regañadientes en favor de la indexación, y especialmente por el economista Paul Samuelson, se lanzó.

En 1974, Paul Samuelson se acaba de convertir en el primer norteamericano que gana el Premio Nobel de Economía, escribió un artículo desesperado exigiendo que se creara un fondo indexado al S&P 500.

Pero, ehh ¿no creó uno Wells Fargo en 1973? Sí, pero no estaba disponible para los pequeños inversores, que era lo que pedía precisamente Paul Samuelson.

John Bogle, plenamente convencido, levantó un proyecto con el que esperaba conseguir 150 millones de dólares. Sin embargo, solo recaudó 11 millones. Aquello fue un completo desastre pero en agosto de 1976 el First Index Investment Trust comenzó a rodar. De qué magnitud sería el fracaso que rápidamente apodaron al fondo como la Locura de Bogle.

A Bogle le cayeron críticas a diestro y siniestro, pero no se derrumbó. A finales de ese mismo año el fondo tenía unos 14 millones bajo gestión, en 1982 superó los 100 millones, 6 años después cruzó la barrera de los 1.000 millones de dólares y el actualmente supera los 500.000 millones.

Bogle no es el fundador de la gestión pasiva, pero, sin duda merece el adjetivo de padre. Gracias a Bogle los pequeños inversores han descubierto probablemente la mejor forma de hacer crecer su dinero sin complejos cálculos.